Contra el consumidor

“Mucha gente quiere que el gobierno proteja al consumidor. Es mucho más importante proteger al consumidor del gobierno”.

Milton Friedman

La organización se llama a sí misma El Poder del Consumidor, pero su obsesión es violar los derechos y deseos del consumidor. Busca obligarlo a dejar de consumir ciertos productos, pero no con razones o educación sino con impuestos punitivos y prohibiciones.

Este grupo y sus aliados quieren destruir a las industrias refresquera y azucarera sin importar las decenas de miles de empleos que desaparecerían. Están molestos con la Cámara de Diputados, no sólo porque no aumentó el impuesto a los refrescos como exigían, sino porque redujo en un 50 por ciento el de las bebidas con menos de 5 gramos de azúcar por 100 mililitros. Hoy quieren que el Senado enmiende la plana a los diputados.

Argumentan que la reducción en el impuesto a los gorditos afectará la recaudación (porque saben que los políticos siempre quieren más dinero). Añaden que disminuir el gravamen generará un incentivo para el consumo de refrescos azucarados con lo que se está condenando a millones de niños al sobrepeso, la diabetes o la muerte. Sin embargo, casi ninguna bebida disponible en la actualidad gozaría de este recorte.

Los refrescos de dieta o light no se beneficiarían porque no utilizan azúcar y por lo tanto están exentos. Lo mismo ocurre con productos para niños como Jugo Amí o Frutsi. En su momento fueron reformulados para evitar el impuesto. No tienen azúcar y no pagan el impuesto a los gorditos.

El descuento no provocará una caída en la recaudación. Los productos que podrían calificar representan menos del 1 por ciento del volumen de ventas. Por eso la Ley de Ingresos 2016 calcula una recaudación de 20,539.9 millones de pesos por “bebidas saborizadas”.

La disminución no busca premiar a los refrescos en el mercado sino generar un incentivo para que la industria diseñe nuevos productos. Para beneficiarse, sin embargo, tendrían que bajar a la mitad el contenido de azúcar y no está claro que el consumidor lo aceptaría. Los productos con menor cantidad de azúcar, como la Coca Life, no han tenido éxito. Los consumidores prefieren productos más dulces.

El Poder del Consumidor cuestiona la disminución del impuesto porque éste supuestamente había logrado un avance importante en la lucha contra el sobrepeso. La reducción, dicen, es un paso atrás. La Alianza de la Salud Alimentaria -de la que El Poder forma parte- dio a conocer los “resultados preliminares” de un estudio que afirma que el gravamen provocó una caída de 12 por ciento en el consumo de refrescos en 2014.

Las empresas apuntan que nunca se ha publicado el estudio. Dicen que las ventas cayeron cuando entró el impuesto, pero que ha habido una recuperación posterior. Hubo una sustitución de marcas caras por otras más baratas, pero el consumo no se movió a bebidas no calóricas. “Tomando cifras duras”, me dice un ejecutivo, la caída “en el volumen reportado a Total México del INEGI fue de 1.91 en 2014 versus 2013”.

Un consultor independiente del mercado de consumo me señala que los consumidores mantuvieron su consumo de Coca o Pepsi, pero como tuvieron menos dinero disminuyeron sus compras de otros productos. No hay, por otra parte, ninguna información sobre una posible reducción del sobrepeso, que era el supuesto objetivo del impuesto. Los mexicanos continúan consumiendo fritangas, dulces y refrescos y siguen sin hacer ejercicio.

Uno pensaría que los activistas aplaudirían una política pública destinada a generar incentivos para un menor consumo de azúcar. Pero no, su actitud es moralista. Quieren destruir las industrias refresquera y azucarera. Sólo que el consumidor que dicen representar no acepta la imposición.

· MUCHA FE

Dice el presidente Peña Nieto que el saldo blanco ante el impacto del huracán Patricia “se debe en mucho a la fe del pueblo de México”. ¿Significa esto que Dios castigó a los filipinos, causando la muerte de 6,300 personas por el tifón Haiyan en 2013, porque no tuvieron fe? ¿En qué Dios cruel cree Peña Nieto?

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