¿Un siglo de petróleo barato?

foto
BENCHMARK / JORGE A. MELÉNDEZ RUIZ

En estos momentos, pronosticar el precio del petróleo en el corto plazo es imposible. Demasiados factores entran en juego: el crecimiento económico global, la resistencia de los productores shale, ajustes en la oferta, etc.

¿Y en el largo plazo? Simplificando, la postura de las petroleras (y de México como productor) se resume así: un pésimo 2016 que cierra con petróleo rondando los $40-45 dólares por barril (Dls/b), para recuperarse poco a poco.

La OPEP pronostica $70 Dls/b para el año 2020 y $95 para el 2040. Deloitte Canadá predice $75 para el 2020 y un alza gradual y constante para llegar a $116 en el 2035.

Esto sería una noticia moderadamente buena para México. Poco a poco nuestra reforma energética rendiría frutos, pensaría más de un optimista político mexicano.

Pero una revolución tecnológica podría alterar este panorama, trayendo consigo un siglo de petróleo barato.

“El fracking, la producción en arenas y la perforación profunda alteraron el balance de oferta petrolera. Pero, ¿qué pasaría si el mundo también baja su consumo?”, cuestiona un reportaje de Bloomberg (vea un video en nuestros sitios).

Interesantísimo: la proliferación de vehículos eléctricos (VEs) cambiaría todo. Actualmente hay 2 obstáculos que los mantienen como producto de nicho: alto precio y un limitado rango de autonomía.

Ambas barreras podrían ser libradas. Tesla y las grandes armadoras están apostando fuerte para la producción de VEs. Por ejemplo, Tesla multiplicaría por 10 su producción de vehículos en 5 años, para alcanzar 500,000 en el 2020. Hasta Apple y Google entrarían al juego.

Detrás de este incremento en la capacidad de producción está la certeza de que se resolverá el gran reto de las baterías eléctricas, que actualmente son muy caras (son la tercera parte del costo de un VE) y tienen un rango limitado.

Mucho dinero y talento buscan revolucionar a las baterías de litio-ion que Sony introdujo en 1991. Éstas tienen serias fallas y son el corazón del almacenamiento actual. Startups financiadas con miles de millones de dólares por inversionistas reconocidos (Bill Gates, Ray Lane, Nick Pritzker, entre otros) buscan bajar el costo y mejorar su desempeño.

Y no sólo para automóviles, sino para almacenamiento eléctrico de energías limpias. Por ejemplo, Elon Musk ha invertido $5,000 millones de dólares en una megaplanta de baterías en Nevada para poder lanzar un Tesla que cueste menos de $30,000 dólares.

Actualmente el costo de operación de una batería para un VE ronda los $400 dólares por kilowatt/hora (D/KwH). A pesar de que el costo ya ha caído 60% en los últimos años (en el 2010 rondaba los $1,000 dólares), se requiere que baje a niveles de $200 D/KwH para que un vehículo eléctrico pueda ser competitivo con uno tradicional.

Según Bloomberg, esto sucedería tan pronto como en 5 años. Aquí es donde la cosa se pone color de hormiga para la industria petrolera, ya que por cada VE en circulación se dejan de consumir 15 barriles de petróleo al año.

La estadística clave será, pues, la penetración de los VEs. Mientras que la OPEP asume que serán apenas el 1% del mercado para el año 2040, Bloomberg pinta un escenario muuuy distinto.

“Los precios de las baterías cayeron 35% el año pasado. Para el 2040, un VE costará el equivalente a $22,000 dólares (a precios de hoy). El 35% de los carros nuevos en el mundo serán eléctricos”, explican.

Este impacto es mortal para el petróleo. Recuerde que la principal causa del desplome actual de los petroprecios es un desbalance entre la oferta y la demanda de 2 millones de barriles diarios (de un nivel de demanda que ronda los 95 millones).

Dos millones, poco más del 2%… pero todos los días. ¿Se imagina? Es tanto el petróleo que se acumula que recientemente el WSJ reportó que en EU lo están almacenando ¡en vagones tanque de ferrocarril! Es más barato estacionarlo que transportarlo.

Bloomberg calcula que la penetración de VEs desplazaría a dos millones de barriles diarios de petróleo de la demanda global tan pronto como en el año 2023. Y a partir de ahí, más y más carros eléctricos, y menos y menos petróleo.

Como todo pronóstico de largo plazo, obviamente que este escenario podría no darse. Sin embargo, las fuerzas económicas son imparables. Si hay dinero y talento, una vez que un producto se vuelve competitivo, el resto es historia. Entra una tecnología y sale otra.

Si esto se da, por esa puerta de salida pasará también nuestro menguante futuro petrolero. ¿Así o peor?

En pocas palabras…

“En el largo plazo, todos estaremos muertos”.

John Maynard Keynes, economista

benchmark@elnorte.com
Twitter: @jorgemelendez

Leer más: http://www.negociosreforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=83688#ixzz42WMLSw9r
Follow us: @reformacom on Twitter